La elección fue de lo micro a lo macro. Puso en imágenes el funcionamiento de nuestra sociedad: fraude, estrés, hacinamiento, hostigamiento, deserciones, hartazgo, detenidos, robo, demoras, denuncias, colas, angustia, enojo, mal humor, "truchadas", ilegalidades, irregularidades, desconcierto. ¿No les suena a cosa de todos los días? Dicen que cada país tiene el gobierno que se merece. ¿Será posible?
Es posible, si tenemos en cuenta la masiva deserción de las autoridades de mesa. No alcanzaron los 700 funcionarios judiciales convocados, ni los voluntarios. Incluso, en Córdoba un pibe llegó al punto de preferir ir preso a tener que cumplir con su obligación ciudadana. Y que la escasez de presidentes de mesa (o sea, ciudadanos negándose a cumplir con una obligación constitucional) perjudicó a muchos conciudadanos que no llegaron a votar.
Es posible, si por primera vez en la historia el cierre de los comicios se debió extender una hora en Capital Federal. No sólo por la falta de compromiso social de quienes debieron abrir las mesas más temprano, si no también por la sospecha de fraude que sobrevoló todo el acto. Para evitarlo, los fiscales debían entrar el cuarto oscuro cada dos votantes para controlar que no faltaran boletas de sus partidos. Esto insumió un buen tiempo, mientras la gente seguía haciendo cola al sol.
Es posible, si tenemos en cuenta que la extensión de una hora para votar solamente se aplicó a la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, en las demás provincias y, sobre todo, en la provincia de Buenos Aires, se padecieron las mismas demoras por iguales motivos. Eso sí, esos votantes, como no vivían en Capital, se quedaron sin votar.
Es posible, si las autoridades de la Cámara Electoral están analizando la decisión de la Junta Electoral de la Capital de extender hasta las 19 el horario de votación en ese distrito. El Código Electoral establece expresamente que el horario de votación debe ser hasta las 18, por lo que la Cámara está evaluando si mediante el Acta 28 la Junta no violó esa normativa a través de la prórroga. Es posible, si tenemos en cuenta que varios fiscales de mesa fueron demorados y detenidos. Algunos por robar boletas, otros por votar dos veces, otros por mezclar boletas. Tampoco faltaron los fiscales que cortaron el tramo de la boleta con el nombre del candidato presidencial, lo que da un automático voto en blanco.
Es posible, si ocho de los catorce partidos políticos que se presentaron a elecciones presidenciales debieron formular denuncias ante la Justicia Federal y el Correo debido a "irregularidades, ilegalidades y tropelías". Agreguemos que ya a las 15.30, la Fundación Poder Ciudadano había recibido 160 llamados, en su mayoría por ese motivo. El 20% señaló el faltante de dos o más listas.
Es posible, si el porcentaje de votos en blanco salió quinto con un 4,80%, detrás de Rodriguez Saá, que sacó el 7,71%. Y ni hablar de qué país nos merecemos, cuando la suma de los votos nulos, los impugnados y los votos en blanco asciende al 6,10%, otra vez el quinto puesto. Como si todo esto fuera poco, se verificó que el 26% de los argentinos decidieron, simplemente, no ir a votar.
¿Será posible que un acto tan decisivo se haya degradado hasta este límite? ¿Será posible que por creer que no tenemos derecho a nada creamos que tampoco tenemos obligaciones? Esto no termina con el triunfo de los K. La victoria arrasadora de Cristina deja la mesa servida para el tan mentado pacto social. Los comensales: los empresarios y el gobierno. ¿Será posible que nosotros volvamos a recoger las sobras? ¿O será posible que estemos alertas e informados para poder pelear un lugar en la mesa? |