El impacto del robo a través de la jubilación obligatoria es inmenso, tal vez, una de las mayores causas del retraso argentino. Además los efectos son de muy largo plazo, reparar el daño del proyecto de Ley actual requerirá al menos 24 años: 10 años para restablecer la confianza en el mercado de capitales y 14 años para acumular los fondos equivalentes a los que serán incautados. Desde el momento en que el general Perón generalizó la jubilación obligatoria en 1944 y 1945, todos los gobiernos se han apropiado de parte de los fondos ahorrados forzosamente por los asalariados. El propio Perón inició este método al inyectar títulos estatales para absorber parte de los fondos reemplazándolos por títulos públicos. Pero los gobiernos que lo siguieron, militares y radicales agravaron cada vez más la situación. Hasta el punto que al volver Perón, luego de 18 años de exilio, en 1973, pudo acusarlos de haber “robado, asaltado y desfalcado” las cajas jubilatorias.
La reforma de Cavallo al privatizar el sistema e introducir las AFJP´s, en 1994, no frenó el desfalco. En seguida la Superintendencia de AFJP´s las obligó a aceptar bonos del Estado que fueron creciendo hasta un 55% de los fondos totales. Luego, los bonos fueron defaulteados robando una vez más los fondos de los asalariados.
¿Pero de cuánto dinero estamos hablando? ¿Cuánto se le roba a cada ciudadano?
Pues bien, con el 11% de ahorro forzoso del asalariado, 40 años de aportes capitalizados a una moderada tasa del 5% anual, son suficientes para pagar una jubilación equivalente al 82% del salario bruto (92% del salario de bolsillo), hasta los 82 años y todavía le restaría un excedente equivalente a 274 sueldos (23 años de sueldos). Si recordamos que la esperanza de vida al nacer es de 74 años, queda claro que cada generación podría dejarle una creciente herencia a la siguiente.
Pero además del 11%, los trabajadores aportan un 16% adicional a la ANSES, disfrazado como cargas patronales. Este aporte es íntegramente robado a los asalariados que jamás lo recuperan. Para tener una noción de cuánta plata estamos hablando, podemos ver el siguiente ejemplo: Una persona con sueldo de $1.500 aporta mensualmente $165 a las AFJP y $240 a la ANSES. Luego de 40 años de aportes, suponiendo una tasa moderada del 5% anual, acumula un total de $618.038. Lo suficiente como para comprar 6 casas modestas, vivir de rentas hasta su muerte y dejar las 6 casas a sus descendientes. Esto implica que con ese tremendo ahorro del 27% de un sueldo módico, una familia pobre se transformaría en una de clase media en una generación.
Eso era precisamente lo que ocurría en Argentina cuando no existían jubilaciones obligatorias, y leyes de alquileres u otros límites sobre el derecho de propiedad sobre las viviendas. Por supuesto tampoco existían las villas miseria, había sí conventillos donde centenares de miles de inmigrantes vivieron sus primeras semanas en Buenos Aires hasta que conseguían trabajo.
Este robo al salario del obrero tiene un inmenso impacto personal, pero también para la economía en su conjunto. Es obvio que no da lo mismo que cada asalariado gaste su dinero para mejorar su nivel de vida y la educación de sus hijos, que lo gaste el Estado de manera ineficiente y corrupta, tal como estamos acostumbrados. Además, afecta la capacidad de ahorro de la economía en su conjunto, al dilapidar la principal fuente de ahorro privado. Pero tal vez más grave, destruye el pacto social. Al sentirse estafada, la mayoría de los argentinos intenta evadir este impuesto encubierto, fomentándose el desarrollo de la economía negra, lo que a su vez transforma a la AFIP en la Agencia Federal de Intimidación Pública.
Del lado estatal, se exacerba el gasto ineficiente con recursos fáciles y mal controlados, y se genera una inmensa deuda para los trabajadores futuros. Todo esto afecta además la seguridad jurídica, reduciendo las inversiones. Menos inversiones implican más desempleo y menores salarios, es decir, mayor pobreza.
Por todo esto, el principal aspecto positivo del esquema de las AFJP’s era que, sin las medidas tomadas por los Kirchner, la ANSES no tendría nuevos jubilados, e iría desapareciendo progresivamente por el natural hecho de que los hombres no somos inmortales. De este modo, las cargas patronales se reducirían progresivamente hasta llegar a cero, permitiendo una mejora del 18% real en el salario de bolsillo de los trabajadores (16% de aportes sobre salario bruto).
Por último, está claro que el gobierno esperaba un déficit importante para el año próximo y estaba buscando nuevos fondos desesperadamente, lo que motivó el conflicto con el campo y sucesivos aumentos impositivos en muchas provincias. Eso aún antes de la recesión que se aproxima.
Lo que no dice el gobierno es que para apropiarse de los US$ 30.000 millones acumulados por las AFJP´s y del flujo de USD 4.500 millones anuales, que utilizará probablemente para continuar el despilfarro del gasto público para intentar ganar las elecciones de 2009, generará una inmensa e impagable deuda neta con los futuros jubilados que Santiago Gallichio ha estimado en USD 426.000 millones, que se suman a la deuda que añadió el año pasado la medida de incorporar a 1.200.000 nuevos jubilados que no habían completado sus aportes.
Como ya se ha dicho, 9,5 millones de argentinos, un 89% de los afiliados, eligieron hace 10 meses permanecer en las cuentas de capitalización individual. Son más que los 8,6 millones de votos que obtuvo el oficialismo. Afectar la libertad de elegir de todas estas personas demuestran una vez más las ansias hegemónicas de nuestro presidente de Facto, Nestor Kirchner y su esposa que actúa como presidente títere.
Queda claro que si se pretende mejorar el sistema hay que estudiar largamente el asunto y hablar con muchos expertos en el tema, en las implicancias para la economía, el mercado de capitales, la seguridad jurídica, las relaciones internacionales con nuestros vecinos, etc. Luego, se puede reabrir la posibilidad de elegir nuevamente entre ambos sistemas, lo cual aumentaría la competencia obligando a ambos sistemas a mejorar. Finalmente, se pueden mejorar las regulaciones de la Superintendencia y negociar una baja de las comisiones.
Pero no es esto lo que se intenta sino una nueva confiscación al patrimonio de los argentinos, continuando una larga lista, el ahorro forzoso de Alfonsín, el Plan Bonex, el corralón, el default de la deuda pública, la licuación de pasivos empresarios, la fenomenal devaluación del 2002, la pesificación asimétrica, las retenciones al campo y a la energía, la manipulación de la inflación del INDEC para minimizar el pago de deuda, apropiación de las Reservas del Banco Central, etc.
De esta forma, nos aseguramos un futuro de mayor pobreza para los argentinos.
Sin embargo, luego de dar más de cien charlas y debates en 10 provincias, estoy convencido de que la gran mayoría de los argentinos queremos un cambio verdadero que signifique más democracia, más federalismo y más república. Para lograrlo sólo hace falta que hagamos una gran interna entre los partidos opositores para elegir, entre todos, quién será nuestro líder que impulsará el cambio, quién será el Obama argentino. Por Agustín Etchebarne Presidente Foro Republicano |