Con la fuerza del misterio, el fantasma del "día después" sobrevoló buena parte de la campaña electoral. Hasta el 28 de junio, casi tanto como en los resultados, los ojos y la expectativa estuvieron puestos en qué haría el Gobierno a partir del lunes 29, en cómo reaccionaría más allá de cuál fuera el veredicto de las urnas. Derrota inesperada de por medio, a partir de ese día y durante el mes que transcurrió, la Casa Rosada combinó la falta de reacción inicial con la reticencia a reaccionar y luego con cambios que, lejos de modificar el rumbo, ratificaron los lineamientos centrales y más cuestionados de la gestión de Cristina Kirchner. Elenco en movimiento. El gabinete sufrió más cambios que nunca antes en la era kirchnerista. Graciela Ocaña dio el portazo, un verdadero secreto a voces, en medio de las denuncias por el supuesto ocultamiento de información sobre el avance de la gripe A para no "afectar" el resultado de las elecciones, mientras la epidemia se extendía y arreciaban las críticas por la falta de coordinación para tratar y frenar la enfermedad. Diez días después, la salida de Sergio Massa precipitó el resto de las modificaciones. Aníbal Fernández pasó a la jefatura de Gabinete y fue reemplazado por Julio Alak en Justicia. Amado Boudou ascendió al Ministerio de Economía, donde ocupó el puesto del casi ignoto Carlos Fernández, y dejó su lugar en la Anses al joven Diego Bossio. Hugo Moyano hizo pie en Aerolíneas con la designación de Mariano Recalde, hijo de su histórico abogado, en el directorio de la empresa estatal, y José Nun abandonó la secretaría de Cultura. Jorge Tedesco completó los movimientos cuando dejó el Ministerio de Educación en manos de su segundo. La primera aparición pública de Cristina Kirchner tras el cachetazo electoral, en la tarde del lunes 29, sorprendió a muchos y decepcionó a la mayoría. Lejos de los atisbos de autocrítica que habían asomado en el discurso con el que Kirchner había renunciado a la conducción del PJ unas horas antes, la Presidenta intentó minimizar la derrota: habló del triunfo oficialista a nivel nacional, destacó la merma de votos de Mauricio Macri en la ciudad y nada dijo sobre los números adversos en la crucial provincia de Buenos Aires. Además, negó que fuera a hacer cambios de Gabinete, que estuviera en sus planes recibir a la oposición o discutir temas espinosos como las retenciones o la situación del Indec. Cismo en el PJ. Los jefes provinciales no sólo exigieron más diálogo. Pidieron, sobre todo, un cambio de manos en el PJ. Derrotado Kirchner, los peronistas, sobre todo los que ya tienen un pie en 2011, desempolvaron la máxima justicialista según la que "el que gana conduce y el que pierde acompaña", y exigieron el paso al costado del santacruceño y de Daniel Scioli. En el mismo acto en el que heredó la conducción partidaria, el bonaerense confirmó que su candidatura fue testimonial y su kirchnerismo a prueba de balas: duró como diputado electo menos de 24 horas. El discurso presidencial cambió diametralmente en Tucumán el 9 de julio. Cristina Kirchner aprovechó la fiesta patriótica para anunciar la convocatoria al diálogo. Entre una lectura y otra de la misma realidad mediaron los cada vez más encendidos reclamos de la oposición y la rebelión de los gobernadores que, triunfantes en sus provincias, reclamaron un cambio de rumbo. Kirchner trocó el protagonismo de las primeras horas por el ostracismo siempre atento de Olivos. Desde allí monitoreó cada uno de los movimientos de su mujer, que pasó de celebrar el triunfo kirchnerista en El Calafate a encomendar a Florencio Randazzo la misión de armar una agenda para recibir en tandas a la oposición. El ministro del Interior tuvo que volver sobre sus pasos para que la iniciativa no fracasara antes de ver la luz: en menos de un día pasó de convocar a los partidos "en tandas de a 10", -sin más precisiones-, a llamar primero al Acuerdo Cívico y Social, convertido en la segunda minoría después de las elecciones. Las dos caras de la derrota: Kirchner en el Intercontinental tras el revés y el llamado al diálogo de la Presidenta en Tucumán Foto: ArchivoGerardo Morales, Margarita Stolbizer y los líderes del socialismo pisaron la Casa Rosada después de seis años y medio de política a puertas blindadas. Rodearon a Randazzo, sonrieron para la foto y le dejaron sus reclamos: una reforma en el Indec, con el desplazamiento de Guillermo Moreno incluido, el fin de los superpoderes, además de cambios en el Consejo de la Magistratura y las retenciones. Elisa Carrió faltó con aviso y desató un vendaval entre sus aliados cuyo impacto es aún difícil de medir. El turno de Unión Pro, con Francisco De Narváez y Felipe Solá a la cabeza, llegó una semana después. Los peronistas disidentes se fueron de la Casa de Gobierno conformes, pero pidieron cambios urgentes. Cafecito y después. Aunque siempre escéptico, el campo creyó ver una oportunidad en los aires de apertura de la Rosada. La Comisión de Enlace confió en que el masivo rechazo a los Kirchner en los centros rurales del país obligaría al Gobierno a retomar las conversaciones. La Casa Rosada demoró la convocatoria y hasta hubo chicanas alrededor de la duración de un "cafecito" al que los invitó Aníbal Fernández. Finalmente, el Gobierno depuso las armas y el jefe de Gabinete citó a los líderes de la Comisión de Enlace para el viernes próximo en su despacho. No se descarta que la Presidenta pase la puerta que separa su oficina de la del jefe de Gabinete para sumarse a la reunión. Mientras esperaban la confirmación, los dirigentes rurales no perdieron tiempo: volvieron a cerrar filas con la oposición y hasta se reunieron con Jorge Casaretto. También celebraron el primer aniversario del rechazo a las retenciones móviles en el Congreso y aprovecharon para reinstalar sus reclamos en la agenda pública. Ahora esperan que el reordenamiento legislativo y el fin de la hegemonía kirchnerista en el Congreso empiece a dar frutos antes del 10 de diciembre. En concreto: que bajen las retenciones a la soja y que cedan las trabas de la Oncca a la exportación. Scioli, sí pero no. Tras hacerse cargo de la pesada herencia del PJ Scioli volvió a demostrar sus dotes para la adaptación y desplegó una serie de movimientos alejados de la política oficial hacia el campo. Recibió a la Comisión de Enlace provincial, escuchó sus reclamos y prometió pedirle una rebaja de las retenciones a Cristina Kirchner. Elevó la apuesta el viernes pasado cuando sorprendió con su visita a La Rural y su discurso conciliador bajo la atenta mirada de Biolcati y Llambías. Los efectos de sus movidas, sobre todo en su alianza incondicional con el Gobierno, son aún un misterio. Hugo Moyano fue otro de los soldados de la causa que casi provoca un disgusto de proporciones a los Kirchner. El martes pasado acusó a los "Gordos" de hacerse los "Rambo" y de haber "entregado toda la vida a la gente". El jueves, cuando el cisma era casi un hecho y después de los enérgicos pedidos del Gobierno para que evitara la fractura, reculó con un inusual pedido de disculpas a sus enemigos. La paz, endeble en origen, fue posible porque el camionero aceptó ceder parte del crucial control sobre las obras sociales. Intocable. En medio de los vaivenes de la Casa Rosada, un elemento se mantuvo constante en estos 30 días: Moreno fue blanco fijo de las críticas, no sólo de la oposición, sino también de economistas y hasta de Mario Blejer, devenido asesor de Boudou. El debate sobre su futuro ahondó la grieta entre halcones y palomas en el seno del gabinete. El Gobierno volvió a quedarse a mitad de camino. Pocos días antes de que el ex CEMA desembarcara en el Palacio de Hacienda, Norberto Itzcovich, un hombre cercano a Moreno, se convirtió en el nuevo director nacional de Estadísticas y Precios de la Producción y el Comercio del Indec, un puesto clave para el cálculo del cuestionado índice de inflación. Los aires de renovación que Boudou pretendió instalar en Economía quedaron sepultados con los retoques en el organismo. Lejos de desterrar al cuestionado secretario de Comercio, las modificaciones confirmaron la invulnerabilidad de su influencia. Sólo un mes transcurrió desde el 28 de junio, el domingo que quedará en la historia como el del primer revés electoral del kirchnerismo. Faltan otros cuatro para que el veredicto de las urnas termine de instalarse en el Congreso. Toda una eternidad para la impredecible política nacional de los tiempos que corren. |